El domingo 19 de julio de 1987 se vivió uno de los momentos épicos en el Tour de Francia, el que pudo cambiar la historia de la carrera y consagrar a un nuevo súper campeón que diera alternativa a los Anquetil, Merckx o Hinault como auténtico capo de su generación. El motivo, la excepcional demostración de facultades que realizó su protagonista, el francés, Jean-François Bernard en la ascensión al mítico Mont Ventoux.
Era el primer tour de la era post Hinault, en la que había dominado al pelotón a su antojo, a excepción del intervalo del 83-84 con la irrupción del insolente Fignon. Su retirada provocaba que su cetro fuera puesto al alcance de una nueva generación de cachorros ávidos de ocupar el trono vacío.
Antes del tour se produjo la baja del gran favorito, Greg Lemond, por un desgraciado accidente de caza. Su reaparición en la élite estaba en entredicho. También mermado por las lesiones, el antiguo campeón Laurent Fignon, parecía reverdecer tras el podio en la Vuelta a España y tras 2 años nefastos podía volver a reclamar el trono.
Stephen Roche, el simpático irlandés había vencido en la ronda italiana atacando a su propio compañero y si soportaba el calor de julio partía como máximo favorito junto al francés.
Los outsiders más temidos eran el escarabajo Herrera, ganador de la Vuelta, en una edición ultra montañosa que en principio le beneficiaba si reducía pérdidas en las contrarreloj, su gran talón de Aquiles.
El suizo Urs Zimmermann, tercero del tour anterior, vegetariano y compañero de Roche en el equipo Carrera, por lo que tenía a su máximo enemigo en casa.
El coéquipier de Fignon, Mottet, el irlandés Kelly, Hampstem o el español Delgado, entraban en las quinielas con menos opciones pero en quien había depositados los mayores anhelos era en un francés, Jeff Bernard, un ciclista de enorme clase, especialista en las cronos y que subía con los mejores; tras una temporada a la sombra de Hinault y de Lemond este año sería el dorsal nº1 y líder absoluto de su equipo La Vie Claire.



Si aquellos eran los favoritos, debemos hablar igualmente del recorrido, 25 etapas+prólogo en 23 días, con dos etapas de doble sector y dos días de descanso. Era un recorrido exigente a más no poder, con una larguísima crono de casi 88km antes de encarar los pirineos; a ocho etapas del final la terrorífica cronoescalada al Mont Ventoux como aperitivo de las monstruosas etapas alpinas finales, en Villar de Lans, Alpe Dhuez y Morzine; como epílogo una crono en el penúltimo día de 38 km en Dijon antes del paseo triunfal de los supervivientes por París.
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CONTINUARÁ
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